Considero, (y siento), que las personas no deberían juzgar ni juzgarse frente a ningún ideal o carácter especifico. No existe ningún criterio el cual dé orden a un juicio, no creo que alguien tenga derechos a decir o definir qué es determinado o no, a pesar de que muchas veces, voluntaria o involuntariamente, caemos ante esa práctica.
Creo, (y siento), que el hecho de que las personas se juzguen a sí mismos, como si existiera una especie de criterio divino que tiene que ver, justamente, con figuras intimidantes y/o referentes, como si eso fuese lo que queremos ser, interrumpe toda fuerza vital y manifiesta un total desagarro con nuestros valores propios; similar al efecto que causa pensar que las pirámides fueron construidas por alienígenas, en vez de valorar el poder de pensamiento entre los egipcios.
La fuerza vital y la voluntad de poder, están ahí para cualquier persona y en cualquier momento, sin embargo, debemos prepararnos para no juzgar y así abrirnos a lo que venga a través de esa fuerza. Evidentemente, no juzgar esa fuerza y estar en armonía sin esperar nada a cambio, sólo dejar que el universo y la naturaleza se expresen a través de uno.
El ser humano, como unidad, figura y persona, no es el punto de origen de las cosas, incluso no es importante. La forma o nombre no es el principal ente creador de las cosas. Lo que crea, es la naturaleza y cómo ésta influye en el pensamiento. Desde la biología, y por la influencia de los cambios agresivos de las células, se estimula la estructura compleja de nuestro ser interno, ese complemento entre el alma y el sistema nervioso. La fuerza se manifiesta en el subconsciente o el inconsciente, y esto permite que “la entidad” fluya junto con el tiempo y el espacio, y no frente ni detrás de ellos.
Tampoco creo que sea válido que las personas se juzguen mientras estén realizando algo, esto te sitúa automáticamente en un momento posterior y bloquea la energía vital, es como arrepentirse de una situación anterior y esto no tiene sentido.
En la música, uno recibe vibraciones constantes que hacen de un intérprete un instrumento en pos de una respuesta, esto causa que “el momento” no exista, es una respuesta innata al movimiento e incluso causa que dos o más personas piensen lo mismo simultáneamente.
A veces, abrir nuestras percepciones más profundas y el no juzgar requiere años, pero no hay nada absoluto que limite ese proceso, más allá de dedicarle interés al desarrollo de las dudas filosóficas de todo concepto. Como el ejercicio de cómo explicarle a una persona sorda o ciega como suena o se ve un elemento sin uso de palabras.





